Productividad
Evidentemente ahora que estamos en crisis se habla mucho de la productividad y de cómo mejorarla, este debate aún siendo tan antiguo como la más antigua de las profesiones, está ahora muy de moda ya que de repente los expertos economistas se dan cuenta que no somos tan productivos ni de cerca como los son nuestros vecinos y ni de lejos como nuestros enemigos de las economías emergentes.
Este punto me hace reflexionar profundamente sobre mis objetivos en la vida y sobre los discursos pseudo-sociales con los que nos bombardeaban hasta el desembarco de la crisis actual, “conciliación de la vida laboral y familiar”, “integración de los elementos familiares en las condiciones laborales”, “precariedad laboral”, y un larguísimo etcétera de ideas que ahora mismo ya no significan nada ya que se han visto desplazadas por “crecimiento del desempleo”, “riesgo de deflación”, en fin que después de ver como nuestros dirigentes nos halagaban con su verborrea nos topamos con la cruda realidad, no somos productivos.
Yo me pregunto y supongo que muchos de ustedes también lo harán, como puede ser alguien más productivo, y lo primero que me viene a la cabeza es: voy a reducir el número de cafés ya que me hacen perder mucho tiempo, pero no nos equivoquemos, creo que nuestros agentes sociales no se refieren a eso, sino a que ganamos mucho para lo poco que trabajamos.
En un país como este en el que la política de “me quedo en la oficina aunque no tenga trabajo para que no me miren mal” y “si todos salen tarde yo también que luego no hay ascenso” me pregunto con respecto a que países se nos está diciendo que ganamos mucho y con respecto a que otros países se nos está diciendo que trabajamos aún menos.
En cuanto a la primera pregunta la respuesta es fácil, nuestros salarios son mucho más altos que los de cualquier país africano, la respuesta a la segunda pregunta es más sencilla aún, nosotros trabajamos mucho menos que cualquier ciudadano de cualquier economía emergente (suena bien esto de economía emergente, debe ser que emerge de donde quiera que estuviera sumergida). Es cierto que no podemos comparar nuestras jornadas laborales de ocho horas oficiales más dos extraoficiales con las de doce horas en modo esclavo de cualquier trabajador chino.
Tiene sentido cuando leo este tipo de noticias en el periódico que esas economías crezcan al 10% sobre todo cuando se alimentan de la esclavitud laboral de las personas, y sino que se lo digan a todas las nacionales y multinacionales que ya fabrican allí todos sus productos.
Tiene gracia que en un noticiario de estos tan de moda actualmente en el que un grupo de reporteros hablan con la gente de la calle, entrevistaban a un comerciante chino que estaba delante de su tienda, este señor (por llamarle de alguna manera) tuvo la desfachatez de decirnos a todos los telespectadores que le estábamos viendo, que ellos los chinos trabajan mucho no como los españoles. Por supuesto que este super comunista capitalista no podrá nunca comprender que para que nosotros, solo tengamos que trabajar ocho horas al día, ha habido en todo occidente durante muchos años, grandes batallas sociales en las que se han ido consiguiendo los derechos que actualmente tenemos y que nos permiten vivir como vivimos, tampoco nadie le podrá aclarar que para que él esté aquí viviendo como vive millones de sus compatriotas están trabajando como esclavos en la fábricas del partido comunista chino o de sus dirigentes al menos.
Por eso mismo me hace gracia que aunque nosotros que trabajamos poco y ganamos mucho, hemos tenido que olvidarnos desde hace unos meses que la precariedad en el empleo no es mala a la vista de la pérdida de empleo que nos amenaza y que conciliar vida laboral y familiar es una utopía que no podremos disfrutar, al menos mientras los tiburones de la cultura del pelotazo estén instaurados en sus cómodos sillones del mundo financiero.
Siempre habrá un chino que hará lo que tu haces (más barato por supuesto).
2 comentarios
Juan Antonio -
Los suizos nos ganan a todos los europeos en productividad: trabajan sus 8 horas (a las 18:00 no hay trabajando ni el Tato) pero el valor de su trabajo es mucho mayor que el nuestro.
Mucho de ello se debe a la desorganización intríseca de un país latino: no se planifica bien, o mejor dicho, las planificaciones no se cumplen. No se respetan las normas (cuando las hay), ni se diseña un organigrama de puestos acorde con la empresa (son meros mecanismos para recolocar a los amiguetes), la selección de personal es dificilísima para puestos bajos, pero una rechufla para los altos cargos, etc, etc... y eso por no hablar de corruptelas, chanchulletes, disimular errores carísimos tapándolos con más dinero, etc.
Creo que nuestro problema es que no tenemos buenos dirigentes empresariales. Somos buenos trabajadores, pero no buenos gestores.
Bueno, es una opinión, y como decía Harry el Sucio, "las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno"
Santa Eudiviges -
Vale. Lo celeblo. ¿Pelo cómo se llaman los que se llevalon nuestla pasta?