Valores morales
Dice el RAE en su primera acepción que valores son: “Grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite”. Y de moral nos dice: “Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia”. Podríamos decir entonces que los valores morales son el grado de utilidad de las acciones desde el punto de vista de bondad o malicia. Cuando en la relación jefe vs subordinado se dan cita los valores morales podemos deducir que se va a producir al menos un conflicto, supeditado siempre al punto de vista de bondad o malicia. Me viene a la memoria una película The Firm (La Tapadera) en la que el protagonista mantiene una lucha entre los valores morales de sus jefes, los de sus clientes, los de sus compañeros y los suyos. Esta película nos da un claro ejemplo de lo que debemos hacer en situaciones en las que los valores morales empañan la posibilidad de subsistir, el protagonista mediante una treta legal (por supuesto es abogado) logra que los clientes denuncien a sus jefes por cobrar horas de trabajo facturadas y no realizadas, en lugar de enfrentarse a sus jefes y clientes y declarar como le pide la policía.
Aunque no con la gravedad de la situación en la que se ve envuelto el personaje, muchos de nosotros nos hemos encontrado a lo largo de nuestra vida profesional con situaciones en las que nuestros valores morales se han puesto a prueba ante la necesidad de conservar el trabajo u otro tipo de coacción.
Recuerdo un compañero que ejercía de activista, antiglobalización, pro derechos humanos y un largo etc. de reclamaciones sociales, todas ellas muy respetables y en su caso más si cabe ya que siempre lo hacía desde el respeto y criticando las actitudes violentas de algunos de sus “compañeros” de lucha social. Esta persona que perdió su trabajo, tuvo la mala suerte de recibir una oferta de trabajo de una de las consultoras más grandes que hay en España, una consultora cuyo mayor volumen de negocio está en el sector armamentístico.
Al respecto de los valores morales yo me he visto en varias ocasiones en la tesitura de tener que elegir y como decía Groucho Max, “estos son mis principios, si no le gustan, los cambio”.
Recuerdo en una empresa en la que debido al desfalco que protagonizaron los directivos se tuvo que declarar en quiebra, el día que nos lo comunicaron la suspensión de pagos, fue a través de los abogados de la empresa matriz (una multinacional austriaca) y una procuradora. Imagínense el revuelo cuando entran en la sala donde nos encontrábamos los informáticos estos dos personajes seguidos del director y nos dicen que dejemos todo y no toquemos nada que hay una intervención. Nosotros, que para eso somos informáticos ya “sabíamos” o intuíamos que algo podía pasar. La noche anterior hicimos copias de seguridad de los servidores (un AS400 y un Novell de aquella época) y las escondimos. Al final los últimos responsables de la desaparición de datos éramos nosotros. De lo que no pudimos hacer copias fue de un B10 que tenía el contable en su despacho y en el que todos sabíamos se llevaba la contabilidad b, precisamente fue el único ordenador que perdió datos ese día, una casualidad supongo.
Esa tarde cuando los interventores, abogados, etc. se habían marchado recibí una llamada de teléfono del director (hasta ese momento ni tan siquiera sabía que tenía mi teléfono), me pidió que fuera a las oficinas para hacer un tema urgente. Como no especificó en que consistía, cogí el coche y me presenté. No fui el único al que llamaron, estábamos el jefe de administración, el director y yo a las once de la noche en su despacho, ellos intentando explicarme lo que querían sin que sonase a delito y yo intentando escaparme sin tener que cometerlo.
Al final apliqué el método Groucho, borré de la base de datos “ciertas transacciones” sabiendo que las tenía guardadas en el copia de seguridad, ellos se quedaron tranquilos y yo me fui caminando como los pingüinos, es decir con los pantalones en los tobillos.
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