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Salpicón de Temas

El círculo, el camino más corto (para volver al mismo sitio)

No me gustaría que pensaran que trato de hacer agüeros (muy de moda últimamente en los ambientes futbolísticos) sobre el tema que nos acontece, pero una vez que hemos visto como se pellizcan los iconos en los móviles o que nuestro cerebro puede mover el puntero del ratón, deberíamos ir acondicionando nuestros cuerpos a esa nueva realidad que se va imponiendo. Este verano fui a cenar a casa de unos amigos y en la sobremesa, en la que habitualmente hablábamos de informática los amigos y de niños nuestras mujeres, nuestro anfitrión nos mostró su última adquisición tecnológica, una consola de juegos.

Nosotros con desafortunado ímpetu nos lanzamos de cabeza en la trampa y nos dedicamos durante más de tres horas a pegar mamporros al aire emulando a Nadal o a Frazier (http://es.wikipedia.org/wiki/Joe_Frazier) pensando que todo el monte es orégano. Durante todo ese tiempo, el dueño de la famosa consola jugaba apoltronado en su sofá, con leves movimientos cansinos y perdiendo casi todos sus combates por KO, motivo por el cual le gritábamos “mariquita”, “no tienes ni sangre”, y un largo etc. de improperios.

Cuando finalmente nuestras mujeres lograron separarnos de la pantalla y nos quitaron los mandos de la consola todos empezamos a notar la pesadez de los brazos, la camisa empapada de sudor y las piernas de cemento, salvo, evidentemente nuestro querido anfitrión que desde su mullido asiento se partía de la risa.

Algunos de nosotros deberíamos hacer como San Simeón (famoso inventor del cilicio que se pasó cuarenta años subido a una columna y de la que sólo bajaba una vez por semana para comer) y retirarnos del mundo de las Ñ-TI’s de una forma que no fuera muy traumática, ni para nosotros ni para nuestros compañeros de trabajo que en muchos casos podrían ser nuestros hijos.

En un esfuerzo permanente por mantenernos vivos, tecnológicamente hablando, somos capaces de casi cualquier cosa, incluso de simular que tenemos muchos menos años de los que en realidad tenemos, imaginando que aún somos capaces de todo, pero sin darnos cuenta que nuestra realidad se quedó como nuestros músculos, en el cemento.

Postdata: Hoy leyendo un artículo en el periódico (http://www.elpais.com/videos/tecnologia/cumplen/anos/creacion/primer/videojuego/elpvidtec/20081020elpeputec_1/Ves/) en el que se comentan los cincuenta años de la creación del primer videojuego, me ha sorprendido que el único comentario al respecto (en el pie de foto) ha sido que el inventor cometió un error, no registró la patente, supongo que si San Simeón hubiera hecho algo parecido, hoy en día sería millonario, aunque sólo fuera por el Código da Vinci.

Lamentablemente este es el tiempo que nos ha tocado vivir. Qué cosas tiene uno que ver, y los que nos queda, como dice un buen amigo mío.

 

3 comentarios

Sansimeón -

Salgo en defensa de San Simeón, tocayo y cagón, y de las nuevas tecnologías que han de salvar al mundo o acaso lo han salvado ya esta misma noche y nosotros no nos daremos cuentas hasta mañana por la mañana.
O no. En realidad quise decir lo contrario, o sea que habrá de ser San Socagón quien venga a salvar al mundo, previamente hundido entre dígitos interbancarios. Aunque quizá tampoco era eso lo quería decir. No lo tengo claro esta noche. Debo decir que llegué a casa un poco perjudicado y la lectura de tu artículo me ha rematado. En realidad sólo he entendido lo del cemento. Bueno, a medias. En fin, tampoco. Luego lo leeré otra vez. Por qué no lo escribes en griego?

JarriPotas -

Es el eterno problema, nos quedamos en los catorce años; al menos, lo intentamos. Por eso nos 'colocan' todo tipo de aparatitos.

SantaBit -

Una buena relación entre la ortodoxia cristiana y las tecnologías :)