Blogia
Salpicón de Temas

Futurología

Un buen amigo mío me dijo en una noche de sinceridad conseguida mediante el alcohol que siempre que empezaba una relación sentimental, lo primero que hacía era imaginarse a la chica con la que estaba sentada en el retrete haciendo sus necesidades, esto que a priori puede sonar vulgar, escatológico o un largo etc. de adjetivos todos ellos despectivos, no es ni más ni menos que un fiel ensayo de futurología, basado como casi todos los estudios de este tipo en las sensaciones. Si no les he explicado todavía el por que de este comportamiento de mi amigo no es ni más ni menos que para que sigan leyendo, pero prometo que antes de terminar lo aclararé.

Alguno de ustedes pensará que he perdido el rumbo empezando un artículo de esta guisa, me explico. Cada vez que tengo que arrancar un nuevo proyecto siempre me imagino a los componentes que me han asignado o durante su selección si tengo la suerte de participar, en las situaciones cotidianas del proyecto. Cuando todo va bien, los hitos se cumplen y todo es buen rollo, hago un ejercicio de imaginarme a la persona haciendo su trabajo, tomando el café, etc. Lo que no es tan sencillo de imaginar son las situaciones en las que las cosas se tuercen (que suele ser lo normal), intentar adivinar como se comportará cuando le tengas que presionar para que llegue a tiempo a la entrega, para que solucione las incidencias lo más rápido posible o cuando le tienes que negar las vacaciones que tenía comprometidas por que el proyecto tiene una desviación y no te puedes permitir dar vacaciones a nadie.

Intentar sonsacar a alguien si su ley de vida en el trabajo es cumplir con la ley del mínimo esfuerzo o si está dispuesto a seguir la máxima de la informática y que todos empleamos casi siempre “C2C” (“Con dos cojones” y perdón por la expresión), es algo que casi todos hacemos de manera instintiva, supongo que los psicólogos que se dedican a la selección de recursos lo denominan “compromiso”, pero para los que tenemos que lidiar con los proyectos no es otra cosa que medir la capacidad de aceptar la presión, la aceptación de no recibir recompensas por el esfuerzo realizado, la cantidad de noches que se puede comer pizza encima de un teclado, y un largo etc. de grandes momentos de compañerismo en los que con los nervios a flor de piel se pueden decir y hacer auténticas barbaridades (influidas sobre todo, por la hora del día en el que se producen y la cantidad de horas delante del monitor que se llevan acumuladas).

Por cierto, mi amigo del que les hablaba al inicio, creía que si era capaz de soportar esa visión sería capaz de soportar todo lo demás.

 

0 comentarios