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Salpicón de Temas

La Gran Elección

“Tengo una debilidad, hay que calamidad, mi vida es un disgusto.

Tengo una debilidad, no sé qué pasará, si no me doy el gusto.”

Así comenzaba Machín moviendo al compás del bolero sus maracas y así me gustaría a mi que me recordaran (moviendo las maracas por supuesto). Me voy a dar el gusto para quitarme la inquietud del qué pasaría si, pero sobre todo porque “Tengo una debilidad”.

Un buen amigo mío y sin embargo informático, me dijo no hace mucho que Dios nos hace informáticos para probar nuestra Fe, yo que no estoy muy cerca de creer, ni en Dios ni en Bill Gates, le contesté: “Espero que sea por eso, si no, no sé como vamos a mover estas montañas”. El misticismo me embarga y no lo lamento, ¡huyan!

El empleo de parábolas para explicar a los ignorantes ha dejado de usarse en la actualidad, yo creo que es una herramienta muy útil, pero no con el fin de iluminar a los que no ven sino para esconder las verdaderas intenciones. Una de mis favoritas es esta: "Entonces el reino de los cielos llegará a ser semejante a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco eran discretas. Porque las necias tomaron sus lámparas, pero no tomaron consigo aceite, mientras que las discretas tomaron aceite en sus receptáculos con sus lámparas. Como el novio se tardaba, todas cabecearon y se durmieron. Justamente a mitad de la noche se levantó un clamor: ’¡Aquí está el novio! Salgan a su encuentro’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y pusieron en orden sus lámparas. Las necias dijeron a las discretas: ’Dennos de su aceite, porque nuestras lámparas están a punto de apagarse’. Las discretas contestaron con las palabras: ’Tal vez no haya suficiente para nosotras y ustedes. Vayan, más bien, a los que lo venden y compren para ustedes’. Mientras ellas iban a comprar, llegó el novio, y las vírgenes que estaban listas entraron con él al banquete de bodas; y la puerta fue cerrada. Después vinieron también las demás vírgenes, y dijeron: ’¡Señor, señor, ábrenos!’. En respuesta, él dijo: ’Les digo la verdad: no las conozco’. "Manténganse alerta, pues, porque no saben ni el día ni la hora...". Mateo 25:1-13. La Biblia.

Eliminando los tintes machistas que tanto predominan en la iglesia católica, creo que podríamos extrapolar el cuento y aplicarlo a los días que vivimos.

“Entonces el mundo empresarial llegará a ser semejante a nueve directores de TI que salieron al encuentro del software prefabricado. Tres de ellos eran necios, tres simples y tres precavidos.

Los tres necios decidieron comprar una solución prefabricada a medida para sus negocios, no pudieron ir a ninguna conferencia ni a ningún critérium de empresas vanguardistas ya que posiblemente fueron los únicos que compraron ese software. Se convirtieron en conejillos de indias de la empresa proveedora, todas las mejoras eran siempre para ellos y todos los parches también. Finalmente y tras la marcha del director de TI (siempre a una empresa mejor, con más sueldo, etc.) se decidió cambiar el susodicho software.

Los tres simples compraron el más caro y el que menos falta les hacía, pero les invitaron a todas las conferencias internacionales a contar su “know how” (lo que todo el mundo llamaría conocimiento). Tuvieron que amoldar ese gran software a su empresa y les costó toda una vida de matrimonio con el proveedor, mantenimientos, arreglos y sufrimientos para que finalmente, los usuarios sigan utilizando sus hojas de cálculo ya que lo que necesitaban nunca les fue implantado. La única ventaja que les aportaba el software prefabricado se perdió con la primera factura.

Los tres precavidos contrataron una empresa de consultoría para que les dijera lo que debían hacer. Compraron la solución más cara y vivieron igual que los tres simples, pero siempre pudieron justificar que la culpa fue de la consultora que no hizo bien su trabajo, pudieron marcharse de la empresa (siempre a una empresa mejor, con más sueldo, etc.) dejando tras de si una larga carrera de éxitos sin importancia”.

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