Soy informático y ¿qué?
Supongo que si han estudiado algo relacionado con la informática o por azar han terminado trabajando en algo relacionado con ella, les habrá sucedido que por arte de magia se convierten en el soporte informático de familiares y amigos.
Esta es una ardua tarea que hay que saber llevar como todo en esta vida, unos la llevan con más resignación que otros. Me gustaría poder darles una fórmula que impidiera que todo aquel que nos es presentado inmediatamente nos cosa a preguntas, pero desgraciadamente esta no existe.
Es curioso como a las personas ajenas a este mundo digital puede llegar a pasarles las cosas tan desastrosas que les suceden a veces, a mi me han contado y supongo que ustedes tendrán una larga lista de incongruencias y de anécdotas muy graciosas (sobre todo si les ha pasado a alguno de sus compañeros de profesión) a este respecto. Desde aquella persona a la que no le arranca el ordenador que no está enchufado a la corriente hasta aquel que no sabiendo ni lo que es un triste fichero Word pregunta por la configuración de su router para que los vecinos no usen su adsl, cualquier pregunta es válida, da lo mismo que no tengas adsl en casa y que no hayas configurado en tu vida un router (por supuesto, ni lo hemos intentado), nosotros tenemos que saber absolutamente de todo para estos familiares y amigos.
Es muy difícil explicar que tu no te dedicas a eso, que haces otro tipo de cosas dentro de la informática, la frase “pues vaya informático de mierda” está siempre en su boca.
La primera vez que me la dijeron creo recordar que fue un cuñado mío que le había comprado una consola de juegos a su hijo. Estábamos en ese rato que precede a la cena de Nochevieja y a la que nunca queremos ir (sobre todo si es con la familia política) y me asaltó mi cuñado, no recuerdo la sarta de preguntas que me fue haciendo hasta que se dio cuenta que yo no había visto una consola en mi vida.
Lo que no llegó a entender con mis respuestas es que no tenía ni la más mínima intención de ir a ver lo que le sucedía al aparato, pero me dejo la perla que antes les indicaba, de repente además de soportar a mis usuarios, mis jefes, al analista que se le olvidan la mitad de los casos de uso y un largo etc. tenía que aguantar a mi cuñado.
Ese día me dije a mi mismo que no debía volverme a pasar y me preparé a conciencia para encuentros de ese tipo. Estudiaba bien a los sujetos antes de ver como responderles de la mejor forma para que no volvieran a intentar otra aproximación al tema, tras un profundo análisis puedo resumirlos en los siguientes tipos.
Los hay que no entienden una indirecta, una vez que les has dejado claro que no hay nada que rascar no vuelven, eso si tienes que enfrentarte a la situación de decirles claramente que no vas a ayudarles por mucho que insistan.
También los hay que aunque entienden las indirectas les da lo mismo, literal, les importa un comino que esté tomando un café con mi pareja, en el cine o en misa, ellos a lo suyo. No sirve de nada hacerles comentarios como “oye, cuando se te estropea la lavadora, ¿también llamas a un amigo?”.
A estos es más fácil quitárselos de encima, basta con ser tan poco considerado como ellos, les costará una bronca con sus esposas o maridos pero desde luego no volverán a dar la murga, de hecho no volverán para nada.
El tercer tipo que me he encontrado es aquel que va de colega, siempre entran por detrás y cuando menos te los esperas te encuentras en su casa configurándole cualquier programa estúpido o quitándole el montón de virus que tiene en el ordenador, estos sin lugar a dudas son los peores con diferencia. Por lo general se aprovechan de ti hasta la última gota y cuando lo paras el lío que se monta es de órdago, pero
hay que hacer lo que hay que hacer como decía aquel.
Luego están los aprovechados, aquellos que tienen por ejemplo un negocio y de alguna manera necesitan la informática para su trabajo. En lugar de llamar al servicio técnico o a los que le han vendido los aparatos te llaman a ti. La primera vez suele ser algo así como un sábado por la tarde o domingo por la mañana que no hay nada abierto y tienen un trabajo urgentísimo que hacer, tu como buen samaritano
se lo arreglas (tras tres horas de juramentos). A partir de ahí es tu dueño, te llamará constantemente a las horas más intempestivas, siempre con la misma excusa.
Yo sólo he encontrado uno de estos y me costó un buen número de visitas quitármelo de encima. Por suerte un día necesité de sus servicios (era fontanero para más señas), le llamé para que viniera a arreglarme un grifo, tardó como una semana en venir a solucionarlo y cuando hubo terminado me pidió casi ocho mil pesetas (de las de entonces). Le tenía en mis manos, ese era el momento que llevaba esperando, me fui al despacho y le preparé una factura con las horas y salidas que había realizado para arreglarle todos aquellos destrozos, creo que la factura alcanzaba las seiscientas mil pesetas (seguro que exageré un poco, pero el objetivo era darle un escarmiento). Sólo por ver su cara mereció la pena quitarle todos aquellos virus. No necesité dar más explicaciones y por supuesto aún hoy no nos hablamos, de eso hace más de diez años.
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