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Salpicón de Temas

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Valores morales

Dice el RAE en su primera acepción que valores son: “Grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite”. Y de moral nos dice: “Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia”. Podríamos decir entonces que los valores morales son el grado de utilidad de las acciones desde el punto de vista de bondad o malicia. Cuando en la relación jefe vs subordinado se dan cita los valores morales podemos deducir que se va a producir al menos un conflicto, supeditado siempre al punto de vista de bondad o malicia. Me viene a la memoria una película The Firm (La Tapadera) en la que el protagonista mantiene una lucha entre los valores morales de sus jefes, los de sus clientes, los de sus compañeros y los suyos. Esta película nos da un claro ejemplo de lo que debemos hacer en situaciones en las que los valores morales empañan la posibilidad de subsistir, el protagonista mediante una treta legal (por supuesto es abogado) logra que los clientes denuncien a sus jefes por cobrar horas de trabajo facturadas y no realizadas, en lugar de enfrentarse a sus jefes y clientes y declarar como le pide la policía.

Aunque no con la gravedad de la situación en la que se ve envuelto el personaje, muchos de nosotros nos hemos encontrado a lo largo de nuestra vida profesional con situaciones en las que nuestros valores morales se han puesto a prueba ante la necesidad de conservar el trabajo u otro tipo de coacción.

Recuerdo un compañero que ejercía de activista, antiglobalización, pro derechos humanos y un largo etc. de reclamaciones sociales, todas ellas muy respetables y en su caso más si cabe ya que siempre lo hacía desde el respeto y criticando las actitudes violentas de algunos de sus “compañeros” de lucha social. Esta persona que perdió su trabajo, tuvo la mala suerte de recibir una oferta de trabajo de una de las consultoras más grandes que hay en España, una consultora cuyo mayor volumen de negocio está en el sector armamentístico.

Al respecto de los valores morales yo me he visto en varias ocasiones en la tesitura de tener que elegir y como decía Groucho Max, “estos son mis principios, si no le gustan, los cambio”.

Recuerdo en una empresa en la que debido al desfalco que protagonizaron los directivos se tuvo que declarar en quiebra, el día que nos lo comunicaron la suspensión de pagos, fue a través de los abogados de la empresa matriz (una multinacional austriaca) y una procuradora. Imagínense el revuelo cuando entran en la sala donde nos encontrábamos los informáticos estos dos personajes seguidos del director y nos dicen que dejemos todo y no toquemos nada que hay una intervención. Nosotros, que para eso somos informáticos ya “sabíamos” o intuíamos que algo podía pasar. La noche anterior hicimos copias de seguridad de los servidores (un AS400 y un Novell de aquella época) y las escondimos. Al final los últimos responsables de la desaparición de datos éramos nosotros. De lo que no pudimos hacer copias fue de un B10 que tenía el contable en su despacho y en el que todos sabíamos se llevaba la contabilidad b, precisamente fue el único ordenador que perdió datos ese día, una casualidad supongo.

Esa tarde cuando los interventores, abogados, etc. se habían marchado recibí una llamada de teléfono del director (hasta ese momento ni tan siquiera sabía que tenía mi teléfono), me pidió que fuera a las oficinas para hacer un tema urgente. Como no especificó en que consistía, cogí el coche y me presenté. No fui el único al que llamaron, estábamos el jefe de administración, el director y yo a las once de la noche en su despacho, ellos intentando explicarme lo que querían sin que sonase a delito y yo intentando escaparme sin tener que cometerlo.

Al final apliqué el método Groucho, borré de la base de datos “ciertas transacciones” sabiendo que las tenía guardadas en el copia de seguridad, ellos se quedaron tranquilos y yo me fui caminando como los pingüinos, es decir con los pantalones en los tobillos.

 

Tu orientas, el reutiliza, yo objeto

 

Aunque a alguno de ustedes les suene a broma aquí en España también hemos hecho importantes avances en cuanto a las tecnologías se refiere, sin ir más lejos, nosotros descubrimos la reutilización del software. Digo descubrimos porque fue un descubrimiento, no un invento, estaba ahí, solo había que cogerlo y emplearlo.

Para que no crean que estoy haciendo patriotismo barato, el descubrimiento (al menos en cuanto a mis conocimientos del tema se refiere) se produjo hace ya casi 20 años y lo lograron dos grandísimos profesionales, José Luis Rodriguez Pozo (Rodry para los amigos) y su compañero de proyecto Francisco Méndez García. José Luis es la única persona que he conocido que supiera hacer JCL’s, les parecerá “moco de pavo”, pero en aquellos días era casi como Bill Gates ahora y Francisco fue el que ante su incapacidad manifiesta para hacerlos empezó a reutilizar los de su compañero. A partir de ahí y a lo largo de toda la historia de la informática, nadie, salvo honrosas excepciones ha vuelto a hacer un JCL todos han surgido de los que hizo en su día José Luis.

En aquellos días, todos hacíamos lo mismo que Francisco, pero nos avergonzábamos de tener que acudir al trabajo de un compañero para justificar nuestra ignorancia, en los días que corren nos avergonzamos de no hacerlo. Seguramente esta debe ser la principal causa que a los técnicos de mi edad no nos guste mucho la orientación a objetos ni la reutilización de software, ni las soluciones Wash & Go (he intentado ponerles un nexo a este término pero no lo he encontrado, hasta su inventor se avergüenza de él).

Reconozco que ha llovido bastante desde aquellos años y que las cosas han cambiado sustancialmente en el mundo de las TI. La época en la que los programas además de funcionar debían consumir pocos recursos ya que la chatarra (hardware) era muy cara y con potencia limitada pasó y ha quedado casi en el olvido. Hoy en día en nuestro empeño por acercar la informática al gran público hemos perdido muchas cosas que a mi juicio deberíamos haber mantenido.

Casi nos hemos acostumbrado a los pantallazos azules del Windows, o que las aplicaciones se parezcan más a Pinito del Oro que ha desarrollos profesionales, el famoso chiste del informático y el coche, “salimos y volvemos a entrar para ver si arranca” ha quedado reducido a mera anécdota después de ver lo que vemos cada día.

Seguramente la reutilización del software fue una idea anterior a los términos Orientación a Objetos, etc. y sin que este sea el único objetivo que tenía este paradigma de programación, si fue uno de los principales. Por supuesto el hecho de saber que ahora construir una pantalla para un usuario cuesta más de un 400% que antes supongo que también ha influido (otra vez con el usuario hemos topado, amigo Sancho).

 

La Gran Elección

“Tengo una debilidad, hay que calamidad, mi vida es un disgusto.

Tengo una debilidad, no sé qué pasará, si no me doy el gusto.”

Así comenzaba Machín moviendo al compás del bolero sus maracas y así me gustaría a mi que me recordaran (moviendo las maracas por supuesto). Me voy a dar el gusto para quitarme la inquietud del qué pasaría si, pero sobre todo porque “Tengo una debilidad”.

Un buen amigo mío y sin embargo informático, me dijo no hace mucho que Dios nos hace informáticos para probar nuestra Fe, yo que no estoy muy cerca de creer, ni en Dios ni en Bill Gates, le contesté: “Espero que sea por eso, si no, no sé como vamos a mover estas montañas”. El misticismo me embarga y no lo lamento, ¡huyan!

El empleo de parábolas para explicar a los ignorantes ha dejado de usarse en la actualidad, yo creo que es una herramienta muy útil, pero no con el fin de iluminar a los que no ven sino para esconder las verdaderas intenciones. Una de mis favoritas es esta: "Entonces el reino de los cielos llegará a ser semejante a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco eran discretas. Porque las necias tomaron sus lámparas, pero no tomaron consigo aceite, mientras que las discretas tomaron aceite en sus receptáculos con sus lámparas. Como el novio se tardaba, todas cabecearon y se durmieron. Justamente a mitad de la noche se levantó un clamor: ’¡Aquí está el novio! Salgan a su encuentro’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y pusieron en orden sus lámparas. Las necias dijeron a las discretas: ’Dennos de su aceite, porque nuestras lámparas están a punto de apagarse’. Las discretas contestaron con las palabras: ’Tal vez no haya suficiente para nosotras y ustedes. Vayan, más bien, a los que lo venden y compren para ustedes’. Mientras ellas iban a comprar, llegó el novio, y las vírgenes que estaban listas entraron con él al banquete de bodas; y la puerta fue cerrada. Después vinieron también las demás vírgenes, y dijeron: ’¡Señor, señor, ábrenos!’. En respuesta, él dijo: ’Les digo la verdad: no las conozco’. "Manténganse alerta, pues, porque no saben ni el día ni la hora...". Mateo 25:1-13. La Biblia.

Eliminando los tintes machistas que tanto predominan en la iglesia católica, creo que podríamos extrapolar el cuento y aplicarlo a los días que vivimos.

“Entonces el mundo empresarial llegará a ser semejante a nueve directores de TI que salieron al encuentro del software prefabricado. Tres de ellos eran necios, tres simples y tres precavidos.

Los tres necios decidieron comprar una solución prefabricada a medida para sus negocios, no pudieron ir a ninguna conferencia ni a ningún critérium de empresas vanguardistas ya que posiblemente fueron los únicos que compraron ese software. Se convirtieron en conejillos de indias de la empresa proveedora, todas las mejoras eran siempre para ellos y todos los parches también. Finalmente y tras la marcha del director de TI (siempre a una empresa mejor, con más sueldo, etc.) se decidió cambiar el susodicho software.

Los tres simples compraron el más caro y el que menos falta les hacía, pero les invitaron a todas las conferencias internacionales a contar su “know how” (lo que todo el mundo llamaría conocimiento). Tuvieron que amoldar ese gran software a su empresa y les costó toda una vida de matrimonio con el proveedor, mantenimientos, arreglos y sufrimientos para que finalmente, los usuarios sigan utilizando sus hojas de cálculo ya que lo que necesitaban nunca les fue implantado. La única ventaja que les aportaba el software prefabricado se perdió con la primera factura.

Los tres precavidos contrataron una empresa de consultoría para que les dijera lo que debían hacer. Compraron la solución más cara y vivieron igual que los tres simples, pero siempre pudieron justificar que la culpa fue de la consultora que no hizo bien su trabajo, pudieron marcharse de la empresa (siempre a una empresa mejor, con más sueldo, etc.) dejando tras de si una larga carrera de éxitos sin importancia”.

Soy informático y ¿qué?

Supongo que si han estudiado algo relacionado con la informática o por azar han terminado trabajando en algo relacionado con ella, les habrá sucedido que por arte de magia se convierten en el soporte informático de familiares y amigos.

Esta es una ardua tarea que hay que saber llevar como todo en esta vida, unos la llevan con más resignación que otros. Me gustaría poder darles una fórmula que impidiera que todo aquel que nos es presentado inmediatamente nos cosa a preguntas, pero desgraciadamente esta no existe.

Es curioso como a las personas ajenas a este mundo digital puede llegar a pasarles las cosas tan desastrosas que les suceden a veces, a mi me han contado y supongo que ustedes tendrán una larga lista de incongruencias y de anécdotas muy graciosas (sobre todo si les ha pasado a alguno de sus compañeros de profesión) a este respecto. Desde aquella persona a la que no le arranca el ordenador que no está enchufado a la corriente hasta aquel que no sabiendo ni lo que es un triste fichero Word pregunta por la configuración de su router para que los vecinos no usen su adsl, cualquier pregunta es válida, da lo mismo que no tengas adsl en casa y que no hayas configurado en tu vida un router (por supuesto, ni lo hemos intentado), nosotros tenemos que saber absolutamente de todo para estos familiares y amigos.

Es muy difícil explicar que tu no te dedicas a eso, que haces otro tipo de cosas dentro de la informática, la frase “pues vaya informático de mierda” está siempre en su boca.

La primera vez que me la dijeron creo recordar que fue un cuñado mío que le había comprado una consola de juegos a su hijo. Estábamos en ese rato que precede a la cena de Nochevieja y a la que nunca queremos ir (sobre todo si es con la familia política) y me asaltó mi cuñado, no recuerdo la sarta de preguntas que me fue haciendo hasta que se dio cuenta que yo no había visto una consola en mi vida.

Lo que no llegó a entender con mis respuestas es que no tenía ni la más mínima intención de ir a ver lo que le sucedía al aparato, pero me dejo la perla que antes les indicaba, de repente además de soportar a mis usuarios, mis jefes, al analista que se le olvidan la mitad de los casos de uso y un largo etc. tenía que aguantar a mi cuñado.

Ese día me dije a mi mismo que no debía volverme a pasar y me preparé a conciencia para encuentros de ese tipo. Estudiaba bien a los sujetos antes de ver como responderles de la mejor forma para que no volvieran a intentar otra aproximación al tema, tras un profundo análisis puedo resumirlos en los siguientes tipos.

Los hay que no entienden una indirecta, una vez que les has dejado claro que no hay nada que rascar no vuelven, eso si tienes que enfrentarte a la situación de decirles claramente que no vas a ayudarles por mucho que insistan.

También los hay que aunque entienden las indirectas les da lo mismo, literal, les importa un comino que esté tomando un café con mi pareja, en el cine o en misa, ellos a lo suyo. No sirve de nada hacerles comentarios como “oye, cuando se te estropea la lavadora, ¿también llamas a un amigo?”.

A estos es más fácil quitárselos de encima, basta con ser tan poco considerado como ellos, les costará una bronca con sus esposas o maridos pero desde luego no volverán a dar la murga, de hecho no volverán para nada.

El tercer tipo que me he encontrado es aquel que va de colega, siempre entran por detrás y cuando menos te los esperas te encuentras en su casa configurándole cualquier programa estúpido o quitándole el montón de virus que tiene en el ordenador, estos sin lugar a dudas son los peores con diferencia. Por lo general se aprovechan de ti hasta la última gota y cuando lo paras el lío que se monta es de órdago, pero
hay que hacer lo que hay que hacer como decía aquel.

Luego están los aprovechados, aquellos que tienen por ejemplo un negocio y de alguna manera necesitan la informática para su trabajo. En lugar de llamar al servicio técnico o a los que le han vendido los aparatos te llaman a ti. La primera vez suele ser algo así como un sábado por la tarde o domingo por la mañana que no hay nada abierto y tienen un trabajo urgentísimo que hacer, tu como buen samaritano
se lo arreglas (tras tres horas de juramentos). A partir de ahí es tu dueño, te llamará constantemente a las horas más intempestivas, siempre con la misma excusa.

Yo sólo he encontrado uno de estos y me costó un buen número de visitas quitármelo de encima. Por suerte un día necesité de sus servicios (era fontanero para más señas), le llamé para que viniera a arreglarme un grifo, tardó como una semana en venir a solucionarlo y cuando hubo terminado me pidió casi ocho mil pesetas (de las de entonces). Le tenía en mis manos, ese era el momento que llevaba esperando, me fui al despacho y le preparé una factura con las horas y salidas que había realizado para arreglarle todos aquellos  destrozos, creo que la factura alcanzaba las seiscientas mil pesetas (seguro que exageré un poco, pero el objetivo era darle un escarmiento). Sólo por ver su cara mereció la pena quitarle todos aquellos virus. No necesité dar más explicaciones y por supuesto aún hoy no nos hablamos, de eso hace más de diez años.

 

Mi coste es muy alto

 

Tras más de 25 años en esto de la informática he logrado que de alguna manera se reconozca mi valía profesional. Ha sido un largo camino plagado de incertidumbres y con constantes altibajos.

Este reconocimiento no ha llegado como cabría esperar a través de mis superiores sino del mercado, por suerte no hay muchos profesionales que sepan hacer (o al menos con la experiencia que yo aporto) lo que yo hago.

Tras abandonar la idea de trabajar en mi ciudad (comer o no comer esa es la cuestión…) inicié esta andadura de la mano de la banca, nada más gratificante para alguien que nunca comprendió la diferencia entre interés francés y estafa a largo plazo. Estuve casi dos años en este primer empleo en el que aprendí muchísimas cosas e hice un puñadito de amigos. Al cabo del primer año, me di cuenta que cualquier compañero que se incorporaba al grupo, empezaba cobrando bastante más que yo. Me decía a mi mismo que era normal, que este era mi primer trabajo y que había que ir subiendo poco a poco, pero durante el segundo año me di cuenta que no sólo cobraban más que yo los que entraban más tarde, sino que aquellos de mis compañeros que amenazaban (ciertamente o imaginativamente) con irse de la empresa inmediatamente pasaban a cobrar más que yo.

En ese momento me convertí en un informático, cada año o dos máximo, cambio de empresa para que mi salario se adecuase a la realidad del mercado, cada año o dos años incrementando mi categoría profesional al trabajo exigido.

Pero…, evidentemente todo tiene un pero. Los que llevamos en este mundillo muchos años, sabemos que las crisis van y vienen y siempre te afectan, unas veces más y otras menos. Yo siempre he creído que cuando hay crisis es cuando más tienes que moverte, hay otros que dicen que los que se mueven no salen en la foto, pero la verdad es que salir en la foto lo único que te reporta es que se te reconozca.

Las empresas de TI llevan en crisis veinticinco años, cuando yo me incorporé a este mercado ya estábamos en crisis y esto no ha cambiado. Todos estamos cansados de oír que los clientes cada vez pagan menos y exigen más, que las tarifas cada vez son más bajas y los salarios más altos, y un largo etcétera de quejas, la realidad es que cada vez los clientes pagan menos y exigen más y que las tarifas son más bajas y los sueldos más altos, pero año tras año siguen surgiendo de la nada nuevas compañías que se dedican a este negocio.

A día de hoy muchos de nosotros nos encontramos con una situación muy curiosa, no hace mucho que me incorporé a una compañía que me dio todo cuanto le pedí para ficharme, pero no me dan trabajo, la globo-economía ha desembarcado.

Alguien ajeno a este negocio no saldría de su asombro por esta situación, intentaré explicarles cómo funciona esto. Una empresa de TI tiene contratados varios proyectos con varios clientes, jerárquicamente esos proyectos se distribuyen de manera que un gerente hace el negocio, un gestor recibe el negocio y designa un equipo y el equipo lo desarrolla.

El gerente vende a un precio que el cliente fija, cuando le llega el encargo al gestor, entre los gastos del gerente (comidas con cliente, viajes, dietas, etc.) y el bajo precio el proyecto no es viable económicamente, pero ahí está el trabajo de un buen gestor, gestionar. Como ya no dispone de presupuesto suficiente, incorpora al proyecto a sus recursos más baratos (por lo general no suelen coincidir con los que más saben o mejor lo pueden hacer), estos son los que van a realizar el trabajo, evidentemente yo que fui el fichaje estrella y que por una casualidad me contrataron para hacer este tipo de trabajos, no estoy incluido entre los recursos más baratos, al revés, seguramente mi coste sería el del total del presupuesto pactado.

Resultado: el proyecto no se hace ni en los tiempos ni con los niveles de calidad que se necesitan.

Alguno de ustedes pensará que tontería, pues que asignen a los recursos mejores y se solucionará. Pues no, una mala calidad implica la necesidad de acordar un mantenimiento con el cliente y un mantenimiento implica un contrato para solucionar lo que no se hizo y lo que se hizo mal. Se ha creado una necesidad donde no la había y un ingreso sostenido durante un buen número de meses, ahora espero que si hayan entendido que es un buen gestor dentro de las TI.

Tengo un nuevo proyecto

Un proyecto informático supone una inversión que en muchos casos no se puede rentabilizar y en otros muchos no es necesario rentabilizarla. Todos hemos visto o nos han contado proyectos cuyo contenido real es cuando menos no identificable, también hemos visto proyectos que se han llevado a cabo solo para salvaguardar presupuestos futuros, o incluso con el oscuro fin de obtener una subvención.

Cuando un usuario (sin ánimo de ser peyorativo, se le podría llamar cliente) nos pide un proyecto siempre nos lanzamos a él esperando que sea esta la primera vez que no se cumplan las dos “eñes”: voy a hacer ñapas, voy a añorar mi anterior proyecto.

No solemos tardar mucho en darnos cuenta que este proyecto nuevo no va a ser distinto al resto, una o dos horas de reunión con el usuario nos muestran la más cruda realidad, no sabe lo que quiere, sabe lo que quiere pero no es posible hacerlo para la fecha que lo necesita, sabe lo que quiere y se puede hacer para la fecha requerida pero nosotros no conocemos la tecnología para llevarlo a cabo.

En cualquiera de estos tres supuestos siempre terminamos recurriendo a las dos “eñes”, ya que nuestra humilde opinión no cuenta para mucho, el proyecto está vendido ya, incluso se ha empezado a facturar aunque no hayamos empezado, es un cliente estratégico, es un tema político, la lista de explicaciones para tener que realizarlo es tan larga que cualquiera diría que nuestros gerentes son políticos (ya sé que muchos de ustedes pensarán que si lo son).

El primer supuesto es el más fácil para nosotros (solemos aplicar solo la primera “eñe”), inundamos de tecnicismos al usuario y terminamos haciendo un proyecto que aunque no se parece en nada a lo que él quería, tampoco se parece en nada a lo que él necesitaba.

Sólo se suele complicar cuando la persona que nos sirve de interlocutor con el usuario es de esas que identificamos en el mundillo de la informática como un “inventor de ruedas” (persona que decide hacer lo mismo de distinta forma cada vez y siempre inventando nuevos métodos para casos en los que el método existe y funciona).

Si tenemos una persona así en el equipo, lo mejor es no darle trabajo aunque no te lo puedas quitar de encima, pero como se suele detectar demasiado tarde, no tendremos más alternativa que aplicar la primera “eñe” para realizar el trabajo.

El segundo supuesto es el más complicado para nosotros, no podemos decirle al cliente que lo que pide es imposible ya que nuestro gerente le ha garantizado que somos capaces de hacerlo por lo que el proyecto es más que seguro que se entregará tarde e incompleto y además con un gran sobreesfuerzo por parte de los integrantes del equipo. Este supuesto es el que peor sienta entre los técnicos, además de tener que hacer mucho más esfuerzo, el gerente está cabreado porque no se ha entregado en fechas, el usuario también lo está porque no se ha entregado todo y el equipo está que arde por tener que hacer horas y horas sin recompensa (no voy a hablar de horas extra aquí, me parecería de mal gusto).

El tercer supuesto es el más simpático, se va a emprender un proyecto que no sabemos hacer. Si nos quedásemos con esta reflexión, nadie en su sano juicio vería la gracia, pero estoy seguro que muchos de ustedes si se dedican a la informática si. Intento explicarlo.

El proyecto como de todos es sabido se va a entregar mal y tarde (ver segundo supuesto), ya que aunque las premisas son distintas, las consecuencias son las mismas, pero los participantes en el proyecto van a recibir formación, seguramente en una tecnología nueva que les va a permitir acceder a más y mejores ofertas de trabajo y además siempre tendrán la excusa ante el gerente: “ya te dijimos que no conocíamos la tecnología…”

En cualquier caso podríamos decir que todo esto es un poco como el timo de la estampita, nunca estaremos de acuerdo quien tiene más culpa, nosotros que hacemos o aceptamos trabajos que no podemos hacer o el usuario que aún sabiendo que no podemos sigue contratándonos.

Misterios de la realidad que son los que hacen que supere de largo a la ficción.

Me he certificado

Aquellos que conocen algo acerca de los Sistemas de Información reconocerán en su interior ese deseo no exteriorizado de certificarse.

No importa en qué, ni tan siquiera si se va a utilizar alguna vez, pero poder acreditar una certificación es un objetivo en si mismo. Yo que no soy ni más ni menos que los demás también sufro de esta enfermedad.

Podría decir que tengo varias certificaciones y un incauto desconocedor de este mundillo pensará, "que pasada, varias no una", el resto también incautos pero conocedores pensarán "que pasta se habrá gastado".

La certificación en algo no es ni más ni menos que poder demostrar al resto de tus compañeros de profesión que has comprado un título, eso si cuanto más famosa sea la empresa que te da el título más vale (por supuesto económica y laboralmente hablando).

Haciendo memoria creo que varias de mis certificaciones nunca me han servido para mi trabajo, nunca he tenido que emplear la formación que recibí para conseguirlas y nunca he estado en ningún proyecto que lo requiriera, de hecho alguna incluso me permite poner en mi tarjeta de visita que soy un certificado, pero en mi caso, supongo que por falsa vergüenza siempre he declinado esta invitación.

Estoy certificado en Siebel, en Microsoft, en Oracle, de esta última tengo varios, todos ellos acumulan polvo en mi carpeta de titulaciones, de donde no han salido nunca. La ventaja de las certificaciones es que ocupan poco físicamente, pero mucho en el curriculum. En este punto es en el que se demuestra la verdadera valía de una certificación.

Yo he utilizado mis certificados como las muescas del revolver un pistolero, basta con enseñarlas para que todo el mundo te crea y te considere un experto.

Todas las certificaciones que he realizado las he hecho siempre pensando que eran más una inversión económica que de mejora profesional, ni tan siquiera me he planteado que las podría necesitar para mi trabajo. He recibido a lo largo de toda mi carrera muchos cursos y charlas técnicas sobre infinidad de productos de muy diversa índole, ninguno me ha servido para trabajar, sino para "iniciarme" en la materia y luego autoformarme, todos han sido una clamorosa pérdida de tiempo y de dinero, salvo aquellos que llevaban asociada una certificación evidentemente.

Imagínese que usted es un médico especialista, muy, muy especialista, las nuevas técnicas que debe aplicar se las puede contar otro médico que viene de un super-hospital que lleva años poniéndolas en práctica y seguramente podría tardar varios días en contarle con pelos y señales todos los pormenores que usted necesitaría para que fueran un éxito. Otra forma de aprenderlas sería que viniera una persona (no necesariamente médico) y que se ha leído el libro de este médico para darle la misma formación, esta vez resumida y refiriéndose constantemente al libro. También podría darse el caso que la formación se la diera esa misma persona, pero que no ha podido leer el libro, pero si que ha consultado la wikipedia y ha buscado artículos en el google.

Todos estaríamos de acuerdo que nadie querría que nos atendiera el médico formado según los dos últimos ejemplos, y en el del primero nos aseguraríamos que haya practicado antes con otros pacientes.

Por rizar un poco el rizo, imagínese que el médico formador del primer ejemplo no puede darte ningún título acreditativo que indique que te has formado en las técnicas, pero en los ejemplos dos y tres es seguro que la empresa dedicada a la formación si le dará el certificado.

Estoy casi seguro que todos los pacientes que supieran esta historia seguirían eligiendo al médico del primer ejemplo para que los tratase, pero ¿estamos todos seguros que las clínicas que van a contratar a un nuevo médico van a seguir el mismo criterio? Acabamos de ver que la certificación es algo muy útil.

En las empresas de ÑTI sucede algo parecido, la formación nunca la da gente que realmente sabe de qué habla (que conste que a mí me ha tocado dar formación y tampoco me lo he preparado especialmente). Todos hemos visto (o podríamos, no hay más que mirar la oferta educativa de Oracle University, etc.) para ver que un curso de 16 horas no te engorda tu nivel de conocimientos sino tu curriculum.